La fundación del Partido Popular Democrático

*¿Por qué se creó el Partido Popular Democrático? (por Lieban Cordoba)
*1940: El significado del triunfo (por Luis Muñoz Marín)




{Esta pagina esta dedicada a recopilar datos, artículos e impresiones sobre la fundación del Partido Popular Democrático. Las opiniones vertidas aqui son exclusivamente la de los autores y no representan, necesesariamente, la opinión de hardcrad (el webmaster de este sitio-en-linea).}



Estos extractos, tomados del libro De Mi Hoja de Apuntes por Lieban Córdova, ofrecen una perspectiva única de la escena política de la era. Córdova fue un periodista que comenzó a trabajar para Luis Muñoz Marín como su secretario personal por lo tanto fue privilegiado con información intima como pocos otros.

POR QUE SE CREO EL PARTIDO POPULAR.

   Aquella carta* sello la separación del señor Muñoz Marín y sus compañeros del Partido Liberal.

   Se desvanecieron las esperanzas de unir a los dos sectores en discordia. Entre las huestes liberales prevaleció una gran indeci­sion. El Partido se partió en dos. !Y de que manera!

   Pero como ya no se debía dejar transcurrir un minuto mas sin hacer algo efectivo; como ya no se podía estar al vado o a la puente; como ya no había sol en las bardas; como ya no quedaba un solo «cartucho» que pudiera «quemarse»; como parece que se estaba perdiendo un tiempo precioso que debía aprovecharse para poner claridad en la mente de los puertorriqueños, entonces el señor Muñoz Marín y sus amigos pusieron rápidamente en ejecución la idea de crear un instrumento de lucha que fuera la base de una nueva política (tanto en lo concerniente al establecimiento de un programa de gobierno que tendiera a mejorar los niveles de vida y de trabajo de los puertorriqueños como en lo tocante a un mas efectivo funcionamiento de la administración pública): una colectividad que cayera bien a los ojos del pueblo; una agrupación que se distinguiera de las demás, encarándose valientemente, con objeto de tratar de resolverlo con sinceridad, al tremendo problema del explotado pueblo de Puerto Rico; un nuevo partido que fuera capaz de ganarse inmediatamente la confianza de los compatriotas.

   Muchos lideres sugirieron nombres para el nuevo partido. El que más agrado al liderato autentico fue el de Popular, y tengo entendido que las dos primeras personas en sugerir el referido nombre fueron el licenciado Armando A. Miranda y el periodista Antonio Pacheco Padró.

   La Insignia de La Pava — Del Partido Popular Democrático

   El señor Muñoz Marín, quien había estado por días y noches pensando profundamente en la insignia que debía tener la nueva agrupación política, se ideo la de la pava, la cara del sufrido campesino puertorriqueño con el sombrero típico de nuestras montañas, el cual tenia un ala levantada al frente y la otra caída hacia atrás, y rodeada de estas tres simbólicas palabras: PAN - TIERRA -LIBERTAD.

FECHA Y PUEBLOS EN QUE EL PARTIDO POPULAR QUEDO
OFICIALMENTE  INSCRITO COMO SURGIO EL «APELLIDO» DE «DEMOCRATICO»

   La idea de esa insignia tenia que comunicarsele a una persona de entera confianza, que la mantuviera bajo reserva, con objeto de que la dibujara y la pintara con toda rapidez. Nuestro jefe encontró esa persona en el doctor Antonio J. Colorado, catedrático de la Universidad de Puerto Rico.

   De un modo inmediato, dentro del mayor secreto, en los talleres del periódico se empezó a trabajar de día y de noche, sin cesar, en la impresión de las peticiones de inscripción del Partido Popular.

   El señor Gontan, quien había hecho una reorganización en dicho periódico, ordeno la construcción de una oficina para la Re­dacción entre el primero y segundo pisos, dejando libre el segundo piso para instalar, exclusivamente, las oficinas del Partido Popular.

   Al principio, y atendiendo a esas oficinas, durante la impresión y corrección de peticiones, únicamente estábamos tres personas: Emilio S. Maldonado, Domingo Guasch y este autor.

   El señor Maldonado se esmeraba en la corrección de las papeletas a fin de que no fueran anuladas por la Secretaria Ejecutiva de Puerto Rico.

   El señor Guasch (quien estaba prestando toda su cooperación, desinteresadamente, a la causa que defendían el señor Muñoz Marín y sus seguidores, desde el día 2 de marzo de 1938, fecha, en que comenzo a visitar a La Democracia) se echaba al hombro unos cuantos paquetes de papeletas y salia «disparado» de las oficinas del Partido con rumbo a la Secretaria Ejecutiva.

   Y este autor, en el ínterin, martilleaba incesantemente el teclado de la maquina de escribir (Underwood) y recibía y atendía al liderato y a los amigos de San Juan y de la Isla que ya se habían interesado en la inscripción de nuestra colectividad.

   Justo es que diga que tanto el señor Maldonado como el señor

   Guasch siempre laboraron tesoneramente. Me parece que los primeros latidos de sus corazones, en ese tiempo, se los dieron al Partido Popular, Pusieron toda su alma en el triunfo de la causa. Maldonado trabajo mucho tiempo... sin cobrar. Y Guasch dio prácticamente todo lo que tenia por tal de que la idea que tan brillantemente había germinado en la mente de nuestro jefe no dejara de ponerse en practica.

   Por fin, pocos días después —el 22 de julio de 1938—, luego de una tremenda labor mantenida en secreto por el liderato del nuevo partido, por los empleados del taller y de la Redacción de nues­tro periódico, y por los otros empleados de las oficinas del Partido Popular, este quedo oficialmente inscrito en los pueblos de Luquillo y Barranquitas.

   El compañero Carlos Guzman, quien alternaba en los trabajos de redactor y compaginador, se esmero confeccionando el siguiente titular que apareció publicado en La Democrácia del 23 de Julio:

   «Pan, Tierra, y Libertad, los postulados del Partido Popular inscrito ayer en los pueblos de Barranquitas y Luquillo».

   Los subtítulos decían así:

   «Dentro del mayor entusiasmo se llevo a cabo la inscripción del nuevo partido en Luquillo. Al mediodía ya se había cubierto la cuota necesaria para la inscripción local del mismo.

   »En Barranquitas se inicio la inscripción en la mañana de ayer, y en las primeras horas de la tarde ya se había cubierto el margen de la inscripción.

   «A1 igual que en Barranquitas, Luquillo sobrepaso en muchas papeletas a lo exigido por la ley para la indicada ins­cripción»

   ¡Así fue cómo ocurrió el nacimiento del Partido Popular! Luego, para asegurar el «apellido» de Democrático que le agradaba a nuestro jefe, se ordenó inscribir en Culebra el «Partido Democrático del Nuevo Trato», cayendo todo el peso de la inscripción en los señores Elmer M. Ellsworth —un buen americano con alma de puertorriqueño— y Jesus T. Piñero —prototipo de la fidelidad y la sencillez, de la nobleza y el cariño, de la laboriosidad y la honradez, de la humildad y la discreción.

   Como era de esperarse, se realizó la «fusión», y desde entonces el verdadero nombre de la naciente agrupación política fue el de Partido Popular Democrático.

TREMENDA CAMPANA DE MITINES SIN UN DOLAR EN LOS BOLSILLOS

   Las fuerzas políticas contrarias no le dieron mucha importancia a la nueva colectividad.

   La Coalición se creía segura en su poderío. Los lideres republicanos y socialistas se despreocuparon del Partido Popular Democrático, y abrigaban la esperanza de aplastarlo al nacer.

   Lo mismo, creo yo, pensaban los lideres liberales.

   De acuerdo con lo que yo leia en los periodicos y con mis observaciones, todos ellos tenían la completa seguridad de que el partido del señor Muñoz Marín desaparecería en las urnas electo­rados en el 1940.

   Entre el 22 de julio de 1938 —fecha en que nació el Partido Po­pular— y el día 5 de noviembre de 1940 —fecha en que se celebrarían en Puerto Rico las próximas elecciones generales— solamente había 837 días: un espacio de tiempo relativamente breve para hacer una campaña intensa, bien planeada, inteligente, enderezada a destruir la fe que el pueblo tenia en la Coalición (que estaba en el poder desde hacia muchos años) y a hacer que ese mismo pué­blo creyera ciegamente en la predica de los lideres de la nueva colectividad, y muy especialmente en la palabra clara, convincente, sincera, sencilla y orientadora de su presidente señor Muñoz Marín.

   La trayectoria del Partido Popular Democratico iba camino del cielo. Ascendia con marcadisima rapidez.

   Al Partido no había quien lo detuviera. Parecia cosa de Dios. Quiza por ello estaba como rodeado de un profundo misterio.

   En la noche de la conciencia del pueblo era como una gran estrella que iluminaba el camino de su felicidad.

   Era como un rayo divino, con resplandor de terciopelo, con suaves reflejos, que vertiginosamente cruzaba las tinieblas de la mente para despertarla y traerla a la luz.

   Era como un soplo de vida que brisas providenciales empujaban hacia el pensamiento del pueblo para hacerle olvidar un pasado tenebroso y ponerlo en disposición de enfrentarse a lo porvenir.

   Era como una gran esperanza prendida en el pecho de los sufridos puertorriqueños para que estos, amorosamente, se agarraran a ella y siguieran por la vida con abnegación y fe.

   Más tarde, y dandose cuenta de que había que trabajar mucho si se deseaba hacer triunfar en 837 dias la gran idea que culmino en la inscripción de su partido, el señor Muñoz Marín se enfrasco en una tremenda campaña de mitines a traves de toda la Isla... ¡y no tenia los $2.31 que se necesitaban para comprar los sellos de correo a fin de enviarle una carta a un lider amigo, de cada uno de los 77 pueblos de Puerto Rico, anunciandole el principio de la campana y su proxima visita! Entonces los sellos eran a tres centavos cada uno. En la actualidad son a cinco.

   Si por casualidad algún amigo regalaba los 77 sellos, todavia quedaba otro enorme problema que solucionar: el de adquirir la gasolina que consumiria el estrecho Ford color gris, tablillas numero 7151, para poder hacer «los recorridos» por la Isla.

UN ESPECTACULO NUNCA VISTO EN NUESTRA
HISTORIA

   En la historia política de nuestro País nunca se había anotado el hecho de que los barrios rurales tuvieran representación en una asamblea; mas la Convención Constituyente del Partido Popular, a la que me refreiré mas adelante, sentó el precedente.

   Vamos a hojear los apuntes.
  
   El domingo, 21 de julio de 1940, y en el parque atlético «Sixto Escobar» de San Juan, se celebró la Asamblea Constituyente del Partido Popular Democrático. Unos 4.000 delegados asumieron directamente la representación de los 786 barrios rurales y los 77 pué­blos de la Isla.

   Antes de la Asamblea, nuestro Presidente dicto unas manifestaciones exclusivas para el periódico El Mundo. Recordemos lo que en ellas decía el ilustre líder:

   «Esta asamblea del Partido Popular es el primer acto verdadera y ampliamente democrático de nuestra vida pública. Por primera vez van a tener representación directa los campos olvidados de Puerto Rico. Y los delegados saben que van a la asamblea para vigilar que no sean olvidados o relegados los problemas generales de la Isla que afectan la vida y el bienestar de cada uno de esos pueblos y sus ba­ríos allí representados.

   »Esta no es una simple asamblea política. Es la expresión de un pueblo en marcha hacia el establecimiento de nuestra autoridad democrática de pueblo y hacia el rescate de su justicia. Por eso, por ser una verdadera asamblea de nuestro pueblo en la que están representadas la clase trabajadora, la clase agrícola, la clase media —todas las clases representativas de lo que ha sufrido este pueblo y de las aspiraciones de este pueblo de aliviar ese sufrimiento —; por eso, por ser una asamblea del pueblo mismo, es que estoy absolutamente seguro que no tolerara alianzas, coaliciones, componendas o mogollas de ninguna clase.

   »He estado constantemente en contacto con mi pueblo durante los ultimos dos años. He hablado personalmente con casi medio millón de la gente de mi pueblo. Y se que están cansados del viejo sistema de politiqueria, de convenciones de lideres en beneficio de carreras personales y de grandes intereses de explotación. For eso es que, sin haber hablado con los delegados todavía, puedo decir con la mas absoluta certidumbre que el Partido Popular Democrático, por la voluntad unánime de su asamblea, sin las discrepancias de un solo delegado, ira solo a las elecciones para que su triunfo sea un triunfo contra todo el sistema de compo­nendas políticas que tan funesto ha sido para nuestro pué­blo desde la fundación de la Alianza hasta este momento en que acaba de hacerse la alianza o componenda mas peregrine de nuestra historia, bajo el nombre de 'Unificación Tripartita Puertorriqueña de los partidos Liberal, Laborista y URA Reformista.' El nombre en si expresa la clase de mogolla que es eso.

   »En la asamblea Popular Democrática estarán hombres y mujeres que en el pasado año han sido de los distintos partidos de Puerto Rico. Pero no estarán alli entregados unos y otros, rindiendose unos a otros. Estarán allí dándose todos juntos al establecimiento de un gobierno que sea del pueblo mismo y para el pueblo mismo. Es la verdadera unión de Puerto Rico.»

   A las 11:00 de la mañana de ese domingo ya no había sitio donde pararse. El espacioso parque resulto pequeño para los populares. El record de asistencia a asambleas políticas quedo roto ese día. El señor Muñoz Marín tuvo que entrar por el fondo del campo atletico, tropezando aquí y allá, abriéndose paso a fin de lograr acceso al templete. Cuando llego a este, recibió una estruendosa ovación.

   La orquesta aprovechó aquel momento de entusiasmo para romper los aires ejecutando La Borinqueña.
   
   El presidente del Partido Popular Democrático, en la mesa presidencial, no hallaba como dar comienzo a la Asamblea. Cuando fuertemente dio el primer golpe con el «mallete» para declararla abierta, ¡no encontró que decir! ¡Estaba realmente emociónado ante el espectáculo sorprendente de aquella gigantesca congregación de almas! Miro a un lado, luego al otro, como buscando a quien comunicar su entusiasmo, su alegría, su emoción. Unos amigos se le acercaron, y el señor Muñoz Marín, en tono mas bien de buen hu­mor que de seriedad, les dijo:
—En realidad no encuentro como empezar. No se que hacer ahora.

   En el ínterin, aquel océano de almas, experimentando una emo­ción que yo no puedo describir, casi con las voces roncas de tanto gritar «Viva el Partido Popular Democrático!», solicitaban que se diese comienzo a los trabajos de la histórica asamblea.

   Entonces el señor Muñoz Marín pregunto a los amigos que se le acercaron:
—¿Que es lo que se hace en una asamblea como esta? ¿Que tengo que hacer yo como Presidente? ¿Cual es el primer paso a dar?

   Parece que los amigos tampoco sabían que hacer. Como saliendo de un profundo rincón de su mente, el señor Muñoz Marín pronunció una sola palabra que lo dio a entender todo:

   «¡Aconsejenme!»

   En esa asamblea fue que hicieron su adhesión formal al Partido, entre numerosas personas, las siguientes: licenciados Felipe Colón Díaz, Miguel Guerra Mondragón y Carlos del Toro Fernández; señores Juan Cabrer (entonces un líder socialista), José Cornelio Vaz­quez y José Portilla; el doctor Miguel Roses Artau; y, a traves del licenciado Del Toro Fernández, las distinguidas hijas del insigne patricio puertorriqueño José de Diego —señoras Elisia Estrella de Diego de Pereira y Georgina de Diego de Garau.

   Cuando a través de los micrófonos se dijo que en la asamblea estaba presente, como visitante y observador, el conocido periodista señor Antonio Coll Vidal, el inmenso publico le aplaudió mucho. Entonces fue que el licenciado Guerra Mondragón pronuncio estas palabras:
—Estoy aquí no como visitante, sino como afiliado al Partido Po­pular Democrático.

   En el momento en que nuestro Presidente le entrego el «mallete» a la señorita María Libertad Gomez, vicepresidenta del Partido Popular, la asamblea tribute a esta un cálido aplauso —situación que aprovecho el señor Muñoz Marín para presentarla como «la primera mujer que preside una asamblea política en Puerto Rico.»
Una de las ovaciones mas clamorosas se la llevo el licenciado Benigno Fernández García al pronunciar las siguientes frases:
—Este es un espectáculo nunca visto en nuestra historia. Yo les aseguro a todos ustedes que el resultado de las próxima elecciones sera una victoria apabullante del Partido Popular. ¡Este partido es como una marea que sube!

   Cuando por conducto del licenciado Del Toro Fernández hicie­ron su adhesión a nuestra colectividad las hijas de don José de Diego, se propuso por el licenciado Armando A. Miranda, y se aprobó en seguida, que la Asamblea puesta de pie guardaría un minuto de silencio en honor a la memoria del fenecido procer de Aguadilla. Y entre ovaciones, aplausos y exclamaciónes de júbilo aquella memorable Asamblea Constituyente llego a su fin. Duro 12 horas. Exactamente a las nueve y media de la noche nuestro Presidente la dio por terminada con estas fervientes palabras:
—Con la fe puesta en Dios, i vámonos todos para el campo a ha­cer la victoria del Partido Popular Democrático el 5 de noviembre de 1940!

   Entonces aquel océano de almas empezó a batir las enormes olas del entusiasmo contra la extensa playa de la esperanza.

«EL MITIN DE LA 22». —
JURAMENTO DE LOS CANDIDATOS POPULARES A LA LEGISLATURA

   Un mes después —el domingo 18 de agosto— se verifico en el pueblo de Caguas —centro de la industria tabacalera y poseedor de una cautivadora plaza de recreo — la Asamblea General de nuestro partido, asistiendo, además de los miembros de la Junta Central, 1.024 delegados.

   En un elocuente discurso el señor Solá Morales dio la bienvenida a los delegados.

   Fue en ese acto que el licenciado Geigel Polanco solicitó que se nominara a nuestro Presidente, por aclamación y por unanimidad, candidato al cargo de Comisionado Residente en Washington. Como si hubiera sido movida por un resorte, la Asamblea asi lo proclamo en un segundo. Entonces el señor Muñoz Marín, luego de manifestar que era un alto honor para el recibir la prueba de confianza que tal proclamación significaba y que agradecía profundamente, dijo estas sentidas frases:

   «Pero yo me siento mucho mas de este pueblo (Puerto Rico) de lo que me sentía antes de comenzar esta campaña del Partido Popular Democrático, porque yo he estado en el corazón de las montañas de este pueblo, porque yo he estado en los bohíos donde se acurruca y se esconde el dolor de este pueblo, porque yo le he hablado cara a cara a mas de medio millón de la gente que sufre por esos campos y esos pueblos de Puerto Rico en esta cruzada. Y la atadura que eso crea emotivamente, espiritualmente en mi es tan fuerte que yo creo que, aunque fuera necesario que yo fuera a Washington como comisionado residente, me costaría trabajo cumplir con ese deber. Lo cumpliria, pero me costaría trabajo, porque me sentiría mas extraño que nunca en aquella tierra después de haber estado tan adentro en el corazón de esta tierra puertorriqueña».

   Se le prodigo una gran ovación.

   Poco después se nominaron estos dos candidatos: el doctor An­tonio Fernós Isérn y el licenciado Rafael Arjona Siaca. El resultado de la votación para candidato a Comisionado Residente fue como sigue:
                                                                         Fernós      566
                                                                         Arjona      478

   Como el Reglamento exigía una mayoría de dos terceras partes, el licenciado Arjona Siaca, en un gesto de nobleza, hizo una cesión de sus votos. De esta manera fue que el doctor Fernós Isérn recibió una proclamación unánime para el elevado cargo que el Presi­dente del Partido había declinado.

   Al cabo de algunos días — en la noche del domingo 15 de septiembre — se celebró en la parada 22, de Santurce, uno de los actos mas sorprendentes que registra la historia política de Puerto Rico.

   Allí, en un grandioso mitin popular (que se conoció como «E1 Mitin de la 22») donde había miles y miles de almas congregadas, los candidatos de nuestro partido (que fueron nominados en la Asam­blea de Caguas), de la manera mas solemne y formal, juraron ante el señor Muñoz Marín, ante el publico allí congregado, y ante el pueblo de Puerto Rico en general (que a través de la radio participaba del histórico acto), respaldar con sus votos en la Legislatura, de resultar electos, el programa de justicia social y económica del Partido Popular Democrático»

   El pueblo tenia ya una gran confianza en la honradez, sinceridad y buena fe del liderato de nuestra agrupación política. Y después de la celebración de tan importante acto, que sentó un precedente en nuestra historia, aquella confianza, aquella sinceridad y aquella buena fe se reafirmaron mucho mas en la conciencia de nuestros lideres y de nuestro pueblo, y aumentaron hasta su grado máximo el interés, el impulso, el estimulo que movía a los puertorriqueños a luchar por su justicia.

   El grandioso «Mitin de la 22» fue como una chispa que se torno en una gran llama, como una partícula inflamada que se convirtió en hoguera.

GRITOS Y LAGRIMAS; CARCAJADAS Y SUSPIROS



   Por fin, montado sobre el lomo del infalible corcel del tiempo, Llegó el día de la Jornada elecciónaria (el 5 de noviembre de 1940) encontrando al líder de los populares y a los compañeros de lucha en sus puestos de honor — en las trincheras de las oficinas del Partido Popular Democrático.

   Y unos seres tristes, pálidos, sudorosos, pero con la antorcha de la fe y la luz de la confianza iluminándoles sus mentes empezaron a descender de las colinas, a cruzar los valles, a desprenderse de las montañas y a perderse por los caminos y carreteras rumbo a sus respectivos pueblos.

   Los colegios de votación estaban como lobos hambrientos esperando la presa.

   A la una de la tarde empezarían a «devorar» papeletas — ¡las armas que el pueblo iba a utilizar para emprender el camino de la felicidad o para hundirse en el tenebroso abismo de una espantosa miseria!

   Como a las doce y cuarto del dia, el Presidente del Partido Popu­lar me dicto su postrar mensaje para los electores. Era un mensaje breve, pero jugoso. Para poder reunir los diez dolares que solicitaba el señor Domingo Díaz a fin de permitir su transmisión en el programa de la Commercial Broadcasting Company, en la Estación WNEL, ¡tuvo que hacerse una colecta! Entonces el señor Muñoz Marín me honro al seleccionarme para que transmitiera sus ulti­mas palabras al pueblo de Puerto Rico.

   A las doce y cincuenta minutos de la tarde estaba yo frente al micrófono, evocando mis tiempos de locutor. Pero en esa ocasión, en ese momento decisivo en la historia de Puerto Rico estaba yo desempeñando un papel muy serio; ¡estaba internando en los oídos del pueblo el ultimo mensaje del hombre que estaba dedicando todas las horas de su vida a la defensa de la causa de ese mismo pué­blo!

   Concentré durante diez minutos todos los sentidos en la trans­misión de aquellas quemantes frases, engendradas entre los mas puros sentimientos de un corazón grande y noble. Detrás de cada palabra parecía como que se me iban algunos pedazos del corazón y unas cuantas fibras del alma, ¡Así de emociónado estaba cuando las pronuncie!

   Un par de horas mas tarde unas manos callosas pero limpias volcaban sobre el vientre de las urnas, a través de los 77 municipios de Puerto Rico millares y millares y millares de votos que eran como pasaportes hacia la felicidad.

   Supongo que al encontrarse solo en su caseta electoral, con la pupila dilatada, el pulso firme, el entendimiento claro y el pensamiento en alto, cada uno de aquellos puertorriqueños vio la apostólica e impresionante imagen de un hombre que, con la diestra levantada y el índice apuntandole el corazón, martilleaba sobre la conciencia estas palabras de fuego:
—Tu has votado muchas veces por otros partidos y nunca has recibido beneficio. Prueba ahora con el Partido Popular Democrático. No pierdes nada con probar. Por el contrario, pueden ganar muchisimo tu y tus hijos. Has votado por otros en el pasado. Vota ahora por ti y los tuyos. Un voto nada mas te pido. ¡Un voto solamente! ;Un solo voto!
—¡Le vas a negar tu voto a este hombre que nada pide, que nada quiere para el; a este hombre que lo único que desea es que, cuando se muera, haya siquiera un poco mas de pan, un poco mas de justicia, un poco de mas felicidad entre los puertorriqueños?»
—¡Un voto nada mas te pido! Vota una sola vez, juna!, para probar, por el Partido Popular Democrático. Y si, después que este en el poder, ese partido cumple lo que ha ofrecido, sigue votando por el; pero si no cumple, ;en las próxima elecciones... bajalo del poder y echalo al canasto de los desperdicios, como una cosa podrida, que no sirve! ¿Habrá algo mas honrado que esto?
—¡A ver! ¡Un voto! ¡Tu no puedes negarme ese voto! Yo estoy dando esta gran pelea en beneficio tuyo y de tus hijos.
¡No me dejes solo!   ¡Ayudame con tu voto!  Ya yo he hecho mi parte. ¡Haz tu. la tuya!
—Dale un voto nada mas, uno solo, juno solamente!, al Partido Popular Democrático! ¡Un voto nada mas! ¡Uno solo! Y no lo pido en mi nombre. ¡Lo pido en el nombre de tus propios hijos!

   Al cerrar el día, con la celeridad del relámpago, corrió el rumor de que los populares había ganado en numerosos municipios. En La Democracia ya estaban echando las puertas por las ventanas.

   Hacia falta una radio para oír las noticias que Jacobo Córdova Chirino (en su programa de El Heraldo) y otros locutores transmitían para el público, y la amable señora Luisa Cordero, madre de nuestro oficinista-mensajero Victor, tuvo la gentileza de facilitarnos una.

   Según se iban conociendo los informes favorables a los popula­res, se iban invadiendo las oficinas de nuestra colectividad. Y cuando finalmente se supo que el Partido Popular Democrático había vencido en cuatro de los siete distritos senatoriales (Arecibo, Mayagüez, Ponce y Guayama), ja punto estuvo de irse abajo el vetusto balcón de La Democracia.

   No nos cabía el corazón en el pecho.

   Mas tarde, hombres, mujeres y niños, se confundían en muy apretados y emocionantes abrazos, y todos felicitaban efusivamente al señor Muñoz Marín y a sus compañeros de lucha por el ruidoso triunfo alcanzado.

   Y mientras algunos, debido al entusiasmo, reían y aplaudían, otros —como Carlos Román Benitez y Virgilio Rodriguez— casi lloraban de emoción.

   Había en aquellos momentos una muy rara combinación de gritos y lágrimas, de carcajadas y suspiros.

   Horas después, en los precisos instantes en que la ensombrecida capa de la noche recogía sus enlutados pliegues para dejar libre el sendero a la grisácea claridad de un glorioso amanecer, cansados, pero contentos, llegaban a sus hogares los miles y miles y miles de electores que había hecho la salvadora cruz debajo de la po­pular insignia de la pava con la idea de que no estuviera muy lejos el día en que hubiera un poco de mas pan, un poco de mas tierra y un poco mas de libertad para todos los puertorriqueños.

DIPLOMATICO Y EQUILIBRISTA

   Si se considera el poco tiempo de que dispuso para la difusión de sus postulados, y el mucho tiempo que la Coalición estuvo entronizada en el poder, hay que admitir como cierto que el Partido Po­pular Democrático obtuvo una gran victoria.

   En numero de Representantes a la Cámara, empato con la Coa­lición — 18 a 18. El balance del poder lo constituyeron los tres Re­presentantes de la Unificación.

   De 18 senadores, el Partido Popular Democrático, al derrotar a sus adversarios en los distritos de Arecibo. Mayagüez, Ponce y Gua­yama, saco triunfantes a diez. El tripartismo, en el Senado, se fue en blanco.

   En cuanto a los municipios, los populares ganaron 28, los coalicionistas 39 y los unificaciónistas diez.

   Tenia el señor Muñoz Marín que ser un gran diplomatico para poder cumplir la palabra dada al pueblo antes de las elecciones con ese empate en la Cámara de Representantes y con esa escasa mayoría de un voto en el Senado, o un equilibrista para poder mantenerse firme sobre la cuerda floja de nuestra política. Una de las dos cosas... o ambas, pues la mayoría obtenida en los comicios no fue decisiva.

   Siete días después del triunfo, por el tremendo carácter de nuestro jefe, (quien aún exigía mucho, pero mucho trabajo, y poco pero poco descanso), renunció la Coalición.

   Escribí, nervioso, una nota para el Presidente, y le suplique a Rafin — mi compañera de oficina — que se la entregara tan pronto lo viera. Y me retire para la habitación que entonces yo tenia en el tercer piso del edificio situado en el numero 27 de la calle Cruz, en nuestra capital.

   Allí, al atardecer del 12 de noviembre de 1940, Erasmo me sorprendió haciendo la maleta. Yo había tornado la resolución de hacer un viaje, pero estaba indeciso sobre cual iba a ser mi destino. En­tonces me dijo:
—El viejo leyó la nota y mando a decir que te dejaras «de esas cosas» y que te prepararas inmediatamente, pues vamos a pasar una temporada en la Isla.

   Aunque reflexione un poco, decidí volver a la trinchera a fin de seguir dando mis esfuerzos a la obra comenzada.

   Aquella misma noche nos trasladamos al pueblo de Cidra, donde el americano señor Ellsworth y el puertorriqueño señor Basilio Nieves habían conseguido una victoria resonante.

                                                                            *     *     *

   Mas sigamos con nuestra historia. Quedan cientos de apuntes que revisar.

   Algunas veces anocheciamos en Cidra y amaneciamos en San Juan.

   En la mañana del 28 de noviembre, y en su habitación del mirador de La Democracia, el presidente del Partido Popular me dicto una importantisima carta (el contenido de la cual solamente el debe revelarlo cuando crea conveniente, bien en manifestaciones en la Prensa, bien en una campaña electoral o bien en un libro de documentos históricos). Solo me limito a señalar el hecho de que se escribió esa comunicación,. y de que iba dirigida al presi­dente Franklin D. Roosevelt.

   Por muchos días estuvieron «los muchachos de la Prensa» tratando, en vano, de averiguar que decía aquella carta, que le fue entregada por el propio señor Muñoz Marín, ese mismo día 28, a bordo del vapor Borinquen, al honorable William D. Leahy (hasta ese día gobernador de Puerto Rico) cuando este embarcaba hacia los Estados Unidos con el propósito de ver al presidente Roosevelt y seguir luego rumbo a Europa, ya que se le acababa de nombrar embajador de los Estados Unidos ante el Gobierno de Vichy (Francia). El almirante Leahy tuvo la gentileza de recibir aquel trascendental  documento y de entregarlo  al primer magistrado  de  la nación.

   Después regresamos a Cidra.

                                                                            *     *     *

   Allí, en aquella modesta residencia situada a la entrada de la carretera que lleva hasta el atrayente Treasure Island, alejado del ruido de las grandes ciudades y estimulado por doña Ines, por espacio de dos meses estuvo el presidente del Partido Popular dando forma a trascendentales proyectos de ley que, con la idea de dar fiel cumplimiento a lo ofrecido al pueblo antes de las elecciones, serian presentados en la Primera Sesión Ordinaria de la Décimoquinta Asamblea Legislativa de Puerto Rico.

                                                                            *     *     *

* Vea mi pagina «Entre 1936 y 1940» @ http://pomarrosas.com/Entre_1936_y_1940.html




HISTORIA DEL PARTIDO
POPULAR DEMOCRATICO


~

LUIS MUÑOZ MARÍN



Capitulo I

1940: El significado del triunfo













Extracto (páginas 15 a 25) del libro "Historia del Partido Popular Democrático" por Luis Muñoz Marín.
1984, Editorial EL BATEY, San Juan de Puerto Rico.







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